martes, 15 de octubre de 2013

Kuifi Mapuche Piam (Antiguo Relato Mapuche)

Dicen nuestros kuifikeche, que la Luna y el Sol era un matrimonio que vivía armoniosamente allá arriba, en el Wenu Mapu, brillaban juntos cada día. Pero cierto día ocurrió una gran tragedia, la Luna encontró al Sol besándose con el lucero del alba, tanto se indignó que fue a reclamarle su traición el Sol, pero este se enfureció y se golpearon fuertemente; es por eso que ahora ambos tienen marcas que todos podemos ver.

Tal fue la pelea, que la Luna y el Sol se separaron, ella muy triste se fue a vivir lejos, se fue junto a las estrellas, allí lloró su dolor que cayó como lágrimas de plata, las estrellas recogieron unas y se adornaron para hacer un gran baile y alegrar a la Luna. La Luna volvió a sonreír y decidió regalar sus lágrimas a la mujer mapuche, pues éstas ya no solo eran de dolor por la traición del Sol, sino que también eran parte de la bondad de sus hermanas estrellas.

En tanto, el Sol pidió perdón a la Luna, y ella le aceptó, pero nunca más vivirían juntos, ella era feliz cada noche y no necesitaba del día para brillar de alegría, entonces el Sol la espía en las noches (reflejando su luz), pero cuando se acerca por las mañanas, la Luna se va, y cuando la Luna voltea a mirarle por las noches, el Sol se esconde de vergüenza.

En tanto, el lucero del alba, se alejó del Sol y la Luna, se dio cuenta que él amaba a la Luna y la Luna amaba al Sol, por eso se llenó de envidia y quiso irse a la noche para alcanzarle y envenenarla contra el Sol, pero las estrellas no la dejaron cruzar y el lucero del alba quedó colgado entre la noche y el día.

Así se creó el día y la noche, así es como nació la platería, para embellecer a la mujer mapuche y protegerla de las envidias, pero también recordarle al hombre mapuche que debe respetar a las mujeres, que son la belleza y fuerza de su pueblo.

Desde esos días y noches, el Sol y la Luna siguen amándose, persiguiéndose, mirándose, sonriéndose, pero en silencio y en secreto; aunque dicen, que cada cierto tiempo, se unen, se encuentran y apagan su luz para que no los veamos, pues les gusta sentirse enamorados. Aún así, prefieren vivir como están para evitar que nuevamente los quieran separar y, a su vez, proteger, ayudar y vigilar a la mujer y el hombre mapuche acá abajo, en el Naq Mapu.

1 comentario:

Maricela Curiqueo dijo...

gracias, por compartir la sabiduría de nuestros antiguos. Siempre es bueno recordar la importancia del respeto, que hoy en día esta bastante olvidado.