miércoles, 23 de mayo de 2012

Che ñi kalül - Partes del cuerpo Humano

Ano: Küchiw, Mewe
Axila: Puñpülla

Boca: Wün
Brazo: Lipang
Bronquios: Chüll Ponon

Cabello: Kal longko, Longko
Cabeza: Longko
Canilla: Matxa
Ceja: Züñiñ
Cerebro: Müllo.
Codo: Txulitxuli
Columna: Kuzi Forro
Corazón: Piwke
Costilla: Kazi
Coxis: Wente Yi
Cuello: Pel

Dedo: Changall Kuwü
Diente: Forro

Encía: Ürrum
Esófago: Rülmewe
Espalda: Furi
Esqueleto: Txalül Forro, Chel forro
Estómago: Pütxa

Frente: Tol

Glúteo: Anüwe

Hombro: Llanka Foro
Hueso: Foro
Hígado: Ke

Incisivos: Ayewe Foro
Intestino delgado: Külche
Intestino grueso: Kulta

Labio: Mellfuwün
Laringe: Külol külol
Lengua: Kewün
Líquido Amniótico: kalun

Mano: Kuwü
Mejilla: Ange
Mentón: Ketxe
Muela: Ülnga forro
Muñeca: Troy Kuwü
Músculo: Fün
Nariz: Yu
Nuca: Topel

Oído: Allküwe
Ojos: Nge
Ombligo: Püzo
Oreja: Pilun

Páncreas: Llekanten
Pantorrilla: Komofün Matxa
Pecho: Rüku
Pelo: Kal longko
Pene: Pünün
Pestaña: Ümi
Pezón: Longko moyo
Pié: Namun
Piel: Trawa Trülke
Pierna: Chang
Placenta: Küziñ
Pulgar: Füta Changall Kuwü
Pulmón: Ponon

Quijada: Txanga txanga

Riñón: Kuza Kuza
Rodilla: Lüku

Seno: Moyo

Talón: Rünkoy
Testículo: Kütxau
Tobillo: Pali Pali

Uña: Wili
Útero: Koñiwe
Uretra: Wiyiwe

Vagina: Kutxi
Vejiga: Pafüdkoñ
Vello púbico: Kalcha
Vértebras: Kudi Forro
Vesícula biliar: Ütxum

Gonzalo Catrileo.
Corregido por Rosa Traipe, 78 años.

viernes, 18 de mayo de 2012

PRIMER DIA DE CLASES: Año 1923 Por don Martín Alonqueo Piutrin.




Como dato ilustrativo de lo expresado anteriormente, narraré un caso que me sucedió allá por los años 1923, al ingresar por primera vez a una escuela fiscal, ubicada en el lugar llamado "Trompulo Chico" cuyo nombre es Escuela Santa Catalina Nº 44.
En ese tiempo aún no hablaba el castellano, sólo balbuceaba alguna palabras castellanas groseras que oía a los blancos (aún hoy en día no lo domino, porque soy extranjero frente a este idioma).

Llegué tarde a matricularme porque recién venía llegando de la cordillera, en el lugar llamado Weyerrëpë, a la ribera sur del río Allipén, a la altura del volcán Llaima y de Melipeuco. Después de tanto ruego de mi abuelita, me recibieron. Mi abuelita me matriculó y me dejó en la escuela bien recomendado a la chiñurra (es la pronunciación mapuche a la palabra “señora”).

“-este hico mío,  coidalo y enseñalo mucho, chiñurra”.

Me quedé en la escuela, se vino mi abuelita, yo quedé contentísimo en el patio de la escuela y luego no más pasaron a molestarme y reírse de las expresiones de mi abuelita y hacían burlas de mí.

Yo, sin reaccionar, me situé en un rincón: parado, cabizbajo y mudo, observando solo los juegos y oyendo las canciones de ronda que entonaban las niñas mientras un grupo de amigos y conocidos me rodeaban a conversar conmigo.

Tocó la campana y entramos a clase con los amigos mapuches, conversando en nuestro idioma. En esta hora, la profesora me entregó un lápiz, un libro del Silabario “Matte”, una pizarra y un lápiz de leche o de tiza para escribir en la pizarra. Con este regalo, me sentí más feliz y contento e incorporado de lleno a la escuela.

Al recreo siguiente, ya me encontré con más amigos y vecinos con quienes me puse a conversar en mapuche. No fue más; me acusaron donde la señorita profesora; pues, desconocía el reglamento de no hablar el mapuche, solamente el castellano. Después de este primer, accidente, volvía juntarme con los amigos y seguimos conversando en mapuche –pero en voz baja- y me preguntaron dónde había estado que no me habían visto por tanto tiempo.

Entonces les conté que había estado en Weyerrüpë durante más de tres años y sólo hacía como una semana que había llegado y hoy día mi abuelita me había traído a la escuela; en ese momento, saqué mi bolsita llena de piñones y les convidé a todos mis amigos que en ese instante me rodeaban (más o menos 1 kilo).

Al toque de la campana, entramos nuevamente a clase. Yo escuchaba con mucha atención lo que la señorita profesora enseñaba; pero no le entendía nada. Tocó nuevamente la campana para salir. Eran las 12 horas.

Muchos se fueron a su casa a almorzar. Uno de mis amigos y parientes me había invitado a su casa. No le acepté y le dí las gracias, regalándoles como la mitad de la bolsa de piñones, porque no tenía permiso de mi abuelita. En seguida me junté con el otro grupo de mis amigos quienes ostentaban, en su respectiva mano, un tronchón de tortillas.
Yo no tenía tortilla ni harina, pero sí tenía piñones. Empezamos a conversar y aproveché de repartir piñones entre ellos, y ellos a su vez, me convidaron tortilla.

Hasta ese momento todo iba muy bien; pero no faltó quien le “echara pelo a la leche”; en ese momento llegó un niño blanco a nuestro grupo, dirigiéndose a mí me habló; pero yo no le pude contestar porque no le entendí lo que me había dicho.

Como no le contesté, empezó a reírse y comentar que yo era un “indio caballo, indio come carne de caballo y come yuyo”; estas son las expresiones comunes que se oyen a diario, cuando se refiere a los mapuche.

Los del grupo me dijeron las expresiones que había vertido sobre mi persona. Entonces sentí, en ese instante un remezón de rabia, y me fui encima, profiriendo esta frase:

- “wingka trewa, qué hacer vo, ya”.

Sin más, se armó la rosca y nos fuimos a las manos; a combo limpio nos batimos, en medio de una gran barra. En eso estábamos cuando dijeron: “la profesora, la profesora…, la profesora viene”. Yo, ensoberbecido, le seguí tostando sin miedo a nadie, pero mi contendor se puso a llorar ante la presencia de la profesora.

La profesora nos llamó y nos llevaron a la sala, ambos sangrando de las narices. Allí nuestra profesora nos interrogó.

Yo contesté como pude:
- “este wingka retar, chiñora”.

Sólo esta frase pude pronunciar y en seguida me quedé callado.

Después le tocó a mi contendor; él se defendió muy bien, echándome toda la culpa a mí. Salí culpable. Los castigos de varillazos recayeron en mí; los recibí resignadamente por no saber hablar y exponer mi defensa; pero no estaba tan resignado, porque en mi interior bullía un grito de venganza que había de cumplir de alguna forma; ansiaba la pronta terminación de las clases, me mordía los dientes y los hacía rechinar; la hora se me hacía larga, no puse atención a las clases de la profesora y estaba enojado con ella porque me había castigado a mí no más y sólo pensaba vengarme por el camino con mi amigo llorón y regalón de la profesora, decía en mi interior.

Ya llegó la hora de la salida y tocó la campana para irse. Yo más feliz que nadie; les comuniqué a mis amigos que en el camino me lo iba a arreglar y me sentía capaz de darle una zumba; “no les tuve miedo a los pumas en la cordillera, voy a tenerle miedo a este, no, mis amigos”. Uno de ellos me advirtió que la profesora me iba a castigar. No importa, le dije, ya le probé la mano y no pega fuerte.

Así fue, en el camino, detrás de un bosquecillo, arreglamos la cuenta; nos hacían barra los compañeros; los dos, nos sangramos por las narices y en medio del fragor de la pelea, luchamos cuerpo a cuerpo; en uno de los forcejeos, lo di vuelta y caímos a suelo abrazaditos; yo caí encima de él; ahí aproveché de darle unos cabezazos. Aquí le salió gritos y llantos y los grandes corrieron a separarnos. De esta forma pusimos término a nuestra pelea.

Este fue el primer día de clase; nada menos que con dos peleas y una paliza de la profesora, donde conocí la mano cariñosa de una profesora.

Al día siguiente fue lo bueno; fui acusado por la hermanita menor de mi contendor. Nuevamente pasé al tribunal de justicia. La profesora oyó la acusación y nos llamó que pasáramos adelante para responder las acusaciones de que era objeto. Pasamos los dos adelante.

La profesora se dirigió primeramente a mí y me hizo varias preguntas; pero yo no contesté ninguna; me quedé callado, cabizbajo, pues no entendía lo que decía la profesora y no podía expresarme en castellano y no hablaba por miedo de provocar las risas e irrisión de mis compañeros, porque la expresión mal dicha provocaba y causaba las risas generales de mis compañeros; para evitar ese teatro me quedé callado aunque con muy mala consecuencia; había que ponerse duro de cuero para los castigos, porque para mí, los castigos eran menos duros que la irrisión de mis compañeros.

Mi contendor se defendió; yo perdí el pleito nuevamente sin hablar, ni chistar y salí culpable y el veredicto de las varillas, lo recibí sin apelación.

Cuando recibí los primeros varillazos, parece que me hubiera tirado encima de ella para quitársela y darle fuerte con ella misma. De pura rabia grité llorando en forma desesperada para disimular mi ira:

-“weza chiñurra, no pegar, culpa no tener yo”.

De esta forma inicié el segundo día de clase y el año escolar. Después peleamos varias veces más con mi contendor, porque los grandes nos hacían pelear siempre, pero sin acusarnos. Pelea de hombres. El día que no peleaba, lo tenía por día perdido durante el tiempo que estuve en la escuela; pero no terminé el año escolar ese año, duré hasta agosto.

Al año siguiente, volví nuevamente a la escuela. Ese año lo pasé mejor y terminé el año escolar cursando el primer año y quedé promovido al segundo, porque cuando llegué al “ratón agudo” empecé a leer por mi cuenta, es decir, empecé a leer sin letreo ni memorización de las lecciones como lo hacía anteriormente.

En este aprendizaje cooperó mucho un viejito cautivo llamado Alejo que me enseñaba las lecciones en pleno campo cuidando los chanchos y las ovejas, cuando los días sábado y domingo juntaba mis chanchos y ovejas con los de él para que me enseñara a leer y no jugaba a la chueca ni reunía a mis compañeros de chueca hasta que aprendí a leer por mi cuenta”.

(Publicado en 1985) 


viernes, 4 de mayo de 2012

¿Groserías en Mapuzugun?


Demás está decir que es lo primero que se nos pregunta cuando decimos que sabemos mapuzugun. Lo cierto es que en mapuzugun es muy difícil encontrar palabras groseras, es mas, las que popularmente se conocen son adaptaciones que los propios winka han hecho mezclando vocablos que tengan relación con insultos en español. 

El típico garabato es el “kutxiñuke”, una adaptación del “concha de tu madre”. Sin embargo, “kutxi” significa literalmente “vagina” y no “concha” (Disfemismo de vulva), por lo que al pronunciarlo entre personas hablantes del mapuzugun no resulta ofensivo sino más bien extravagante para alguien que conoce el mapuzugun.


Tampoco es posible encontrar algún vocablo que signifique literalmente "mierda", aunque si es muy usado el "me" (Excremento) como adjetivo: "Me küchiu"
El “Pirulongko” si es muy usado entre los hablantes del mapuzugun (Pirulonko: Cabeza con gusanos). También es común la palabra “wez wez”, por decir “loco” pero que más bien quiere decir “travieso” o “porfiado”. Si quisiéramos decir que la persona en cuestión es un loco de remate tendría que ser “konuw”.


El vocablo “txewa” por decir “perro” también como insulto es aplicable.


Pero también hay que tener en cuenta que los mapuche siempre realzan el tema de los valores y es ahí donde frecuentemente se puede sacar algún insulto, como en”wezat’e” (Persona mala, nótese que en vez de decir “che” decimos “t’e” que seria su forma despectiva) “weñefe” (Ladrón), “Ngoyife” (Borracho), etc.


También se usan “ünun” (Asqueroso), “nümü” (Ediondo) “chifun” (Mal olor), “fai” (Podrido).


Lo común es que el insulto valla antecedido por “weza” (Malo), para darle mayor gravedad al insulto, por ejemplo “weza txewa!”


Los mapuche como todas las culturas antiguas eran muy pudorosos, por eso es difícil encontrar insultos que tengan que ver con las partes íntimas del cuerpo, sin embargo podemos encontrar “kozo” que sería un disfemismo de “vagina”. Aquí podemos encontrar el garabato mas común “Füta kozo” (Füta: Grande).


Las demás palabras que hacen alusión a partes íntimas no son groseras de por si, sino que tienen un significado literal y neutro, por lo tanto dependerá del contexto en que se digan para que suenen más o menos groseras. Ejemplos: “pünun” (Pene), “kutxi” (Vagina), “kütxaw” (Testículos), “Moyo” (Senos), "Küchiu" (Trasero) etc.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El Mapuzugun, una lengua aglutinante


Una lengua aglutinante, es aquella que agrupa en una sola palabra varios elementos, cada uno de los cuales posee una significación fija e individual. A la raíz de la palabra se les añaden los afijos.
El japonés, el esperanto, el coreano, las lenguas urálicas, el turco, el vasco, las lenguas dravídicas, las lenguas quechua, el aymara, las lenguas chibchas, el guaraní, el náhuatl o el swahili y el Mapuzugun son ejemplos de lenguas aglutiantes habladas en la actualidad. Así en Mapuzugun tenemos:


Küchakuwüaimi: Te lavarás las manos.


TérminoSignificado
KüchaLavar
kuwümano
afuturo
imi