sábado, 2 de junio de 2012

El Wetxipantu: Año nuevo mapuche.

Para todas las culturas antiguas, entiéndase por antiguas aquellas que llevan varios milenios en formación (La cultura Cristiano-Occidental lleva apenas unos dos mil años en desarrollo),  existía una plena claridad en cuanto a el sol era el responsable de la vida en la tierra.

Desde hace mas de 10.000 años A.C. se han encontrado manifestaciones de adoración al sol. El hombre primitivo sabía que cada mañana el sol salía por el este llevándose consigo las tinieblas, el frio, los depredadores de la noche.

Conforme fueron avanzando las sociedades, no solo fueron conocedores de los cambios en el cielo, sino que además llevaban un cómputo para anticiparse a ellos.

Este conocimiento tan acabado del cosmos permitió anticipar fenómenos aun mayores como eclipses, lunas llenas y otros tan simples, pero de los cuales dependía su subsistencia, como por ejemplo saber  las épocas de lluvias y de la cosecha.

Como se puede observar, el sol era el centro de todo, contrario a la cultura Cristiano-Occidental que situaba a la tierra como el centro de nuestro sistema y que solo después de las irrefutables observaciones de Galileo Galilei (1564-1642) llegó al convencimiento de una realidad que ya había sido puesta en evidencia miles de años antes por los primeros pueblos.

Según datos arqueológicos, se han encontrado restos humanos en territorio mapuche que datan de más de 12.000 años, por tanto la cultura mapuche tiene varios miles de años en formación
                                
El pueblo mapuche, al igual que la mayoría de las culturas antiguas era consciente de los fenómenos producidos en la esfera celeste.

El kultxung, instrumento sagrado del pueblo mapuche, es una de las manifestaciones más grandes de dicho conocimiento. En él se contiene un una representación de los acontecimientos más importantes del año solar, tales como las estaciones, los solsticios y los equinoccios.

Los mapuche sabían que la Tierra (Mapu) demora 365 días y fracción dar una vuelta completa alrededor del sol (Antú), lo cual constituye kiñe txipantu (Un Año). Los días son nombrados al igual que el sol: Antü.

El año estaba dividido en 13 meses lunares (küyen) de 28 días aproximadamente, en total 364 días, más el último que no se contaba y que correspondía a solsticio de invierno.

Igualmente eran conocedores de los ciclos de la luna, y que esta tarda aproximadamente 28 días en dar la vuelta alrededor de la tierra, lo cual consistía en kiñe küyen (Un mes).

Las fases lunares eras también eran diferenciadas ya que poseían un atributo o utilidad propia:

Weküyen: Luna Nueva.
Pürapanküyen: Luna Creciente.
Aponküyen: Luna Llena.
Nag Küyen: Luna Menguante.


Ademas cada una de las trece küyen del txipantu tiene un nombre propio, por ejemplo, la que da inicio al wetxipantu se llama Txufkenküyen: Luna gris.

Por último, la unidad básica es el Antü (Día o sol) que igualmente se clasifica:

Epewun: Madrugada.
Wun: Amanecer.
Txipanantü: Salida del sol.
Liwen: Mañana
Püramantu: Avance de la mañana.
Rangiantü: Mediodía.
Amunantü: Pasado el mediodía.
Nagantü: Atardecer.
Konantü: Puesta del Sol.
Txafia: Anochecer.
Pun: Noche.
Rangipun: Medianoche.

También se sabía que cada estación del año dura aproximadamente tres meses, y son:

Pukem: invierno.
Pewü: primavera.
Walüng: verano.
Rümü: otoño.

Los Solsticios y equinoccios.

Uno de los fenómenos más importantes observados por los antiguos pueblos, y de los cuales los mapuche eran también conocedores es el de los solsticios y equinoccios.

¿En qué consisten dichos fenómenos?
Los equinoccios (Del Latín, Aequi: Igual. Noctium: Noche) Es un fenómeno que se produce dos veces al año, en otoño y primavera y consiste en que tanto el día como la noche tienen igual duración.
Los solsticios ocurren en invierno y verano, y son momentos en los que el sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo y donde la duración del día o la noche tienen una duración máxima o mínima respectivamente.
En otras palabras, en el solsticio de verano el sol alcanza su altura máxima aparente en el cielo, y la duración del día es la mayor del año, por consiguiente la noche es la más corta.
En el solsticio de invierno, en cambio, el sol alcanza su menor altura aparente en el cielo, la duración del día es la menor del año y la noche alcanza su máxima duración.
 Las fechas de los solsticios de verano e invierno son opuestas en cada hemisferio terrestre, por ejemplo, mientas en el hemisferio norte el solsticio de invierno ocurre entre los días 21 o 22 de diciembre, en el hemisferio sur ocurre entre los días 21 o 22 de junio.

¿Porque la importancias de dichos acontecimientos?
La llegada del solsticio de invierno coincide con la llegada del invierno, por lo tanto comienza el periodo de lluvias y con él se inicia la vida en la tierra. Es aquí cuando todo lo que el verano anterior secó vuelve a reverdecer, aparecen los broten, los animales se reproducen, se realizan las siembras anuales.

Desde el solsticio del verano anterior hasta la llegada del solsticio de invierno los días se han ido acortando cada vez más y la noche haciéndose cada vez más largas, hasta llegar a su punto máximo el día del solsticio de invierno. Los pueblos antiguos creían que en ese periodo las energías negativas habían ido ganando terreno, todo iba muriendo poco a poco, pero con la llegada del solsticio de invierno los días comenzarías a alargarse nuevamente, trayendo consigo el triunfo del bien sobre el mal.

En el hemisferio norte, el solsticio de invierno ocurre en diciembre, fecha en que se celebra la navidad y que los pueblos Pre-cristianos celebraban el retorno del sol. Sin embargo posteriormente la Iglesia Católica decidió situar en esta fecha el nacimiento de Jesucristo con la finalidad de eliminar dicha fiesta Pagana.
Lo mismo ocurrió con el solsticio de verano al cual transformaron en la fiesta de San Juan.

Algunos pueblos antiguos como los judíos también celebraban este acontecimiento, pero lo hacían más tarde, en el equinoccio de primavera, fecha en la cual el bien oficialmente derrotaba al mal. Consiente de aquello la Iglesia Católica situó en esa fecha la muerte de Jesucristo

En el hemisferio sur, el solsticio de invierno ocurre junio, fecha en que el hemisferio norte celebra el solsticio de verano (San Juan). En Sudamérica los pueblos originarios celebraban estos acontecimientos, por ejemplo los pueblos andinos festejaban el Inti Raymi y los mapuche el Wetxipantu.
                                                                                              
Para los mapuche cada solsticio de invierno significaba no solo la llegada de un nuevo año, sino que la llegada de un nuevo sol, un nuevo txipanantü. El txipanantü es la salida del sol, es lo que ocurre cada mañana. Sin embargo en wetxipanantü es la salida del sol del nuevo año (We: Nuevo), es esto lo que se produce cada solsticio de invierno.

Con él, se iniciaba un nuevo ciclo, la renovación de todo lo existente, es un día lleno de misterios, por ejemplo, es el único día del año en que las aguas de ríos, vertientes, lagunas o esteros cambian de temperatura, haciendo posible bañarse el ellos por la madrugada.

También pudieron apreciar que desde ese momento los días comenzaban a alagarse lentamente y la noche se iba haciendo cada vez más corta y lo expresaban en la siguiente fórmula: “Kiñe txekan alka amuy antü ka kiñe txekan alka wiñotui pun” o “El dia avanza un paso de gallo, mientras que la noche retrocede un paso de gallo”

Con la llegada del wetxipantu pareciera que el sol regresara, es decir, después de haber llegado a su punto máximo de alejamiento, ahora se acerca cada dia un poco más, como
“A pasos de gallo”, es por esto que también se le llama wiñol tripantu.

Las familias mapuche esperan con ansias la llegada del wetxipantu, proceso que termina con la salida del “nuevo sol”.

 Aunque la celebración es distinta en cada lof, (A veces solo una fiesta familiar y otras veces en comunidad) básicamente las actividades que se realizan son estas:
Se espera velando toda la noche, entre comidas (Kankan ilo, Mültxun, kako, Cofke, etc.), bebidas (Muzai, mate, etc.), juegos (Awarkuzen), cantos (Ülkatun, ayekan), historias (Epeu). Llegando la madrugada y antes que salga el sol se realiza un baño que tiene por objeto la purificación del cuerpo (Kalül) y el espíritu (Pülli), con la finalidad de recibir el nuevo sol.
                    
Para el mapuche existe un orden en el Az Mapu, nada es casualidad, todo es producto de un eterno ciclo,  del cual nosotros en cierto modo, también somos responsables de mantener.

De ahí la base de la espiritualidad mapuche, todo está perfectamente interrelacionado, hay una conexión entre los fenómenos naturales y lo espiritual, entre lo físico y lo metafísico.

Es por esto la importancia de transmitir estos conocimientos ancestrales a nuestras futuras generaciones. De nosotros depende que nuestros hijos no lo olviden.

Según algunos investigadores, de acuerdo a las pruebas de carbono-14, el año 2008 correspondía al 12.474 mapuche, siendo asi, este 24 de junio de 2012 correspondería al
12.478 del pueblo mapuche. Por lo tanto somos una de las culturas más antiguas y una de las que mantiene más intacta su forma de vida y conocimientos ancestrales.

Es responsabilidad de todos nosotros que se mantenga.

Afkilpe tufa chi kimün, nguyikilmün kuifikeche ñi ngulam.
Küme wetxipantu niaimün kom pu che.